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Roma, Italia. Abril de 2006

Inauguran estructura de cristal y acero en el Ara Pacis de Roma

 

 Uno de los más importantes monumentos romanos de la época imperial, el Ara Pacis Augustae (Altar de la Paz de Augusto), acaba de inaugurar nuevas instalaciones que dieron nacimiento a una creciente polémica. El monumento, fue construido entre los años 13 y 9 antes de Cristo en el Campo de Marte, con el propósito de honrar la memoria del largo período de paz que César Augusto, considerado el primer emperador de Roma, proporcionó al imperio, a su llegada de su campaña por Hispania y las Galias. Se trata, en realidad, de una reconstrucción, que se llevó a cabo en el año 1938 a orillas del rio Támesis, utilizando fragmentos originales, guardados celosamente durante mucho tiempo en el Museo Nacional, que se encontraba hasta hace poco tiempo, protegida por una estructura de mármol de la época de Musssolini, realizado por Vittorio Morpurgo.
Desde entonces, se han realizado permanentes esfuerzos por proteger al monumento de la destrucción causada por elementos hostiles, existentes en las grandes ciudades, como la contaminación y el vandalismo. Como parte de un programa de protección de la obra, se inauguró una nueva instalación de cristal realizada por el arquitecto estadounidense Richard Meier, que cubre el Ara Pacis Augustae, cuya construcción se concluyó luego de ocho años de su inicio. Al acto asistió el arquitecto de Nueva York, autor de la estructura e ideador del museo Getty de Los Angeles, junto al alcalde de Roma, Walter Veltroni, quienes inauguraron la obra, que en realidad no está terminada ya que se espera que se concluya en el próximo mes de julio.
Esta instalación es una construcción tipo pecera, de aspecto imponente, que protegerá el histórico altar, cuya parte exterior se encuentra casi totalmente cubierta de frisos y bajorrelieves de inapreciable valor que ilustran la célebres gestas del emperador, escenas de Augusto, su familia, magistrados y senadores, entre otros temas.
La nueva estructura posee una dimensión de 1.500 metros cuadrados coronados por un techo bajo y plano, y desde su exterior, enteramente construido en vidrio y acero, se puede apreciar el antiguo altar. Estas nuevas instalaciones han venido siendo objeto de críticas permanentes desde sus inicios, no sólo por la demora en su construcción, ya que a lo largo de ocho años privó a romanos y visitantes de poder contemplar el maravilloso monumento antiguo, sino también por la notoria modernidad de su aspecto que choca manifiestamente con el estilo clásico de otros monumentos vecinos como el Mausoleo de Augusto, y por su descomunal costo, cercano a los 40 millones de euros.
Vittorio Sgarbi, ex subsecretario del Ministerio de Cultura durante los primeros años del gobierno de Silvio Berlusconi, se ha manifestado enfáticamente en contra de la obra, y dijo: “Es un horror inmenso firmado por un arquitecto incapaz al que han pagado dos millones de euros, no hay palabras para describir lo que han hecho. Quitemos el Ara Pacis de allí y hagamos una pizzería”.
Por su otra parte, el arquitecto Richard Meier se mostró muy satisfecho con la obra y opinó que su construcción hará aún más grande a la ciudad de Roma. Resulta inevitable que, ante esta polémica surgida por la nueva estructura, venga a la memoria otra polémica similar surgida hace años en la ciudad de París, cuando se inauguró la famosa pirámide de cristal ultramoderna en el Museo del Louvre.